¡Buen día, soldado!

¡Buen día, soldado!

 

¡Buen día, soldado!

Te escribo esta carta desde la profunda oscuridad del amanecer inmerso en el silencio submarino.

Quiero que sepas que desde el día que vas a la guerra por nuestra tierra natal, aquí cada mañana amanece así... ─ con el sonido de proyectiles, cohetes, explosiones, silencio sangriento, silencio mudo...

    Aquí todo ha cambiado desde el día en que te fuiste a la guerra: noches, días, pensamientos, sentimientos, relación el uno con el otro... Por la noche, los alrededores parecen estar en un estado de sueño tranquilo, pero de hecho no hay paz, no hay sueño. Cada familia camina por los resbaladizos senderos que te siguen, por los escarpados acantilados que subes paso a paso, sosteniendo las balas y la metralla que te disparan con el pecho y las palmas en el aire…

    ¿Dónde estás ahora, soldado? ... ¿Puedes oírnos arrastrándonos en las sombras paso a paso? ¿Sientes que tus compatriotas, que fueron levantados de sus cálidas camas en la nevada y helada noche de febrero y asesinados con crueles torturas, y los codiciosos y hermosos habitantes de Khojaly que corrieron descalzos por los bosques nevados para escapar de la violencia armenia, te siguen hombro a hombro con nosotros como banderas victoriosas? Sé que tu cuerpo no siente heridas de bala, ya que está endurecido por el dolor de nuestros mártires, nuestras víctimas inocentes... ¡Incluso si el cuerpo herido y cansado cae al suelo, la bandera sagrada tricolor que llevas en tu corazón con una antorcha no cae! ¡Mi valiente soldado, sé que mantendrás en alto esa bandera hasta tu último aliento, hasta el último pedazo de tierra que has tomado!

    “La tierra, si alguien muere por ella, es la Patria”, dicen. ¡Pero la Patria no es una sola tierra, naturaleza, bosques, montañas1 ¡La Patria comienza, en primer lugar, muriendo por ella! ¡Eres la Patria, soldado! ¡El valiente que hizo nuestras tierras Patria!

 ¡Larga vida al soldado! ¡Larga vida a la Patria valiente!

Afag Masud

 

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